Mining Bitcoin

Origen de los bitcoins

Los mineros de bitcoin son la figura clave de la blockchain que sustenta esta criptomoneda. Y no, no son personas, sino máquinas.

Todo empieza con el protocolo desarrollado por Satoshi Nakamoto, el creador de bitcoin, la criptomoneda con la que se inicia la tecnología blockchain a partir del 2008. Nueve años después, se han ido generalizando los usos de blockchain, ya no siempre ligados a las criptomonedas. Y además hay blockchain públicas y privadas (e híbridas). Evidentemente, las segundas, como los consorcios multinacionales R3 y Hyperledger, tienen sus propias reglas y mecanismos, siempre partiendo de las ideas de Nakamoto. Por eso nos centraremos en las blockchain públicas.

Blockchain es un libro de cuentas, una enorme base de datos, en la que se van apuntando todo tipo de transacciones. Todo funciona por consenso de las partes, y no se puede borrar ni modificar el pasado, ni tampoco operar fuera de las normas que se ha dado la propia red.

En las criptomonedas hay dos figuras clave. En primer lugar, los nodos. Ese rol lo puede desempeñar quien lo desee y cuente con una mínima capacidad computacional. Los nodos mantienen copias constantemente actualizadas de ese enorme libro de cuentas. Están ahí por altruismo o por conocer mejor la tecnología y así poder desarrollar aplicaciones sobre ella.

Los nodos son importantes, pero la clave está en un subgrupo dentro de los nodos: los mineros. Los mineros son los que realizan en sí las operaciones, las que vigilan los nodos de forma más pasiva.

Los mineros trabajan 24 horas al día, siete días a la semana, para resolver problemas informáticos a cambio de una retribución en bitcoins, los bitcoins que extraen según el ritmo de emisión de la criptomoneda que determinó Nakamoto. Pero, ¿cuáles son esos problemas informáticos? Son puzzles criptográficos de una deliberada y enorme
complejidad, para que la red sea segura.

Todas las operaciones que se realizan en la red se van agrupando en bloques (blocks en inglés), y para validarlas los mineros deben encontrar una especie de clave informática llamada hash. Se trata de fórmulas matemáticas que sintetizan en muy pocos caracteres una gran cantidad de información. No hay dos hash iguales, y no se pueden modificar. Cada bloque cuenta con un hash nuevo y con el hash del bloque inmediatamente anterior, como una especie de sello de lacre. Todo va enlazado, de ahí el término chain, cadena en inglés.

Cada vez que un minero encuentra un hash válido (debe reunir una serie de condiciones), se lleva, tras la comprobación de al menos el 51% de los mineros, 12,5 bitcoins; al cambio actual, casi 60.000 euros. Así la cadena de bloques se actualiza constantemente, quedando los libros actualizados en los nodos.

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Quiero Ser Minero

De momento cualquiera puede ejercer de nodo de bitcoin, cualquiera puede ser minero… a priori. Imagina la escena: te vas a la cama dejando un potente ordenador trabajando y a la mañana siguiente tienes 12,5 bitcoins en tu monedero virtual. Demasiado tentador como para dejarlo pasar.

El gobierno de Estados Unidos, China y Europa ya empiezan a plantear una regulación como por ejemplo: la propuesta de la Ley de Tecnología Financiera, conocida comoLey Fintech, que hará especial énfasis en el trato de los activos virtuales como “criptomonedas”, en los monederos electrónicos de tiendas en línea, y en el crowdfunding,…

Pero la cosa ya no funciona así. Al principio, un proyecto social basado en blockchain, “bitcoin estaba pensado para minar desde equipos que todo el mundo podía tener tras invertir 3.000 o 4.000 euros. Pero han aparecido circuitos informáticos específicos y ahora las inversiones tienen que ser más en términos industriales”. Antes se minaba hasta con tarjetas gráficas de videojuegos; ahora hay un hardware específico para el minado de criptomonedas. Se han desarrollado pools de mineros, y China, con enormes granjas de minado, está copando el mercado -el 70% (2017)-, en el que el precio de la energía es un condicionante decisivo.

El enorme gasto energético de estos procesos es uno de los grandes puntos débiles del protocolo inventado por Nakamoto. Además, la revaloración de la moneda -en el último año su valor se ha multiplicado por cuatro- crea un incentivo perverso: la mayoría de los mineros llegan a la conclusión de que 12,5 bitcoins es demasiado dinero
como para renunciar a invertir por el gasto de energía.

¿Hablamos de un dispendio energético inasumible a medio plazo? Es imposible cuantificar con exactitud el gasto energético, porque depende de la procedencia y la eficiencia energética de los equipos de los distintos mineros, pero el investigador en políticas públicas Christopher Malmo calcula que cada transacción con bitcoin supone al menos 26 kilovatios hora en minería, o lo que es lo mismo, el 89% de lo que consume un hogar medio estadounidense en un día. Por eso, como recalca Gustavo Segovia, consultor experto en cultura de la descentralización, en otras monedas virtuales como Ether, la segunda en capitalización tras bitcoin, se están buscando métodos criptográficos más eficientes desde el punto de vista energético.

Una herramienta en beneficio de quién?

Otro problema, más conceptual, es la posible desestabilización del sistema mediante la conquista de la mayoría de los nodos y los mineros con fines poco genuinos, para pervertir los consensos. ¿Hay un riesgo de dictadura del 51%? “Técnicamente podría pasar”, según Leif Ferreira, un emprendedor que ya tiene dos empresas dedicadas al mercado de bitcoins, “pero es muy complicado y tampoco tiene mucho sentido: ¿para qué vas a romper un sistema del que te beneficias?”

Si el film “Terminator” se ha convertido en un clásico porque se adelantó treinta años a un miedo muy actual -máquinas más inteligentes que los humanos-, el desarrollo de bitcoin y blockchain invita a una historia de ciencia ficción en que otras máquinas -los mineros- saboteen una nueva tecnología en la que la humanidad ha depositado todas las funciones para evitar los intermediarios y una certificación que antes hacían personas, desde los notarios hasta los banqueros. De momento, eso queda lejano, casi como el año 2140, cuando Nakamoto estableció que se dejarían de emitir nuevos bitcoins. Quedarán otras criptomonedas, como esos cientos que van surgiendo.

Y con ellas, nuevas posibilidades de negocio en un mercado que se está disparando: por ejemplo, Gnosis, una criptomoneda que empezó a cotizar el 1 de mayo, lleva un 332% de subida en menos de tres meses.

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